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Cómo proteger a sus hijos

El horario de los infieles

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14/02/2018
No hay escapatoria. Las redes sociales, entre otros instrumentos tecnológicos, son implacables a la hora de seguir el rastro de las personas. En las series de televisión se observa el modo en que las cámaras, que abundan por doquier, con el beneplácito de una ciudadanía que desea sentirse segura, el fugitivo es perseguido por los agentes desde una habitación con acceso remoto a todas esas lentes visibles, u ocultas, que dan cuenta de su fuga.

En este caso, lo que aquí estamos exponiendo es que, precisamente son las nuevas tecnologías, pensad en todas ellas, han determinado que el horario de los infieles es el… ¡laboral! El modo en que se ha determinado no está al alcance de cualquiera, excepto si uno tiene la habilidad de un hacker.

El hombre sale de la oficina, busca en internet la página que le interesa, aparece la zona en la que se encuentra y allí puede conectarse con otro hombre, de apetito gay, que puede ser, o no, de su agrado y de ese modo concretar una cita inmediata.

O, también, puede realizar el mismo procedimiento con una mujer, dos mujeres entre sí, o más allá de las webs de encuentros, él, ella, dedica su tiempo clandestino encontrarse con la amante o el amante, precisamente en el momento en que deja atrás las labores del trabajo diario.

Alrededor de un 30% de usuarios utiliza redes ajenas a las convencionales. Entre ellas las hay que proponen al usuario, él o ella, la posibilidad de encontrar a otro él u otra ella que desean, más allá de la pareja formal, tener una aventurilla que lance un soplo de aire fresco a la relación legal o, cuando menos, que se aparte del convencionalismo del "tuyo o tuya para siempre".

"Una vez a la semana o cada quince días, busco una pareja de mi agrado en la web. Necesito un hombre que, por ejemplo, enloquezca chupándome el sexo, o masturbándose delante de mí, o proponiéndome sexo anal… Así, sin más. Las únicas veces que me han propuesto masturbarme delante de un tipo ha sido con un desconocido. Mi marido tal vez lo desee pero es incapaz de sugerírmelo y yo, claro, tampoco lo haría sin una señal por su parte. Y… ¡ni hablar de la sodomía!"

El diálogo en la pareja es sustancial y, no obstante ser un lugar común en artículos, conferencias, terapias, individuales o grupales, notas de revistas más sesudas, menos sesudas o directamente mediocres, ese diálogo parece destinado a postergarse. De modo que, mientras llega el momento de hablar sin pelos en la lengua, es posible iluminar la vida sexual de cada uno con el recurso de la web que, por así decirlo, sí tiene, paradójicamente, pelos en la lengua…

A vivir que son dos días y es mejor transcurrirlos entre orgasmos. Incluso si son… ¿clandestinos?


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