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CATÁLOGO

SEXBLOG

Relato erótico: Final del juego

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12/04/2018
-Yésika-, le había dicho- me llamo Yésika.

El hombre sonrió con afabilidad, como si fuera su padre y estuviera a punto de felicitarla por una proeza infantil largamente esperada.

Salió de detrás del escritorio, se acercó a la chica por la espalda, apoyó las manos en sus hombros, uno de ellos desnudos como consecuencia de la blusa suelta que lucía, y presionó varias veces como si estuviera dedicándole un masaje.

-¿Por qué crees que sirves para este negocio? -quiso saber el hombre.
-Creo que tengo un gran potencial -replicó la chica-. Ahora es usted, el productor experto, el que debe juzgarme.

El productor experto detuvo el masaje ante las palabras de la muchacha, aunque dejó las manos sobre los hombros tibios y atisbó desde arriba el escote redondo, la plenitud de los pechos, y se deleitó durante unos segundos con la respiración que ampliaba y reducía el estrecho canal que separaba aquellas colinas gemelas.

Una mano avanzó hacia la loma de uno de los pechos y detuvo las falanges de los dedos sobre ella mientras sentía que la verga se le ponía tiesa.

La muchacha no se movió.

-Está bien, te haré una prueba -dijo el productor famoso.

Abandonó su posición y dio la vuelta al escritorio para abrir una puerta disimulada en la librería.

-Dame unos minutos, por favor… -dijo con la sonrisa paternal en los labios.

Yésika continuó en la misma postura, aunque hizo un ligero movimiento con la mano para depositar un artilugio sobre el escritorio cubierto de fotografías que ilustraban al poderoso jerifalte rodeado por estrellas, hombres y mujeres, del cine y la televisión.

Entonces se abrió nuevamente la puerta y apareció el productor envuelto en una bata de seda apenas anudada a la amplia cintura. Avanzó hacia la muchacha y la bata dejó entrever la erección. Se situó detrás de ella y tal como había hecho antes masajeó primero sus hombros y sumergió luego las manos bajo la blusa y sobre los pechos hasta introducir los dedos bajo el sostén y frotar los pezones.

Mientras los hacía no dejaba de hablar.

-Si tienes lo que hay que tener, y creo que sí lo tienes, entonces tal vez tú y yo podamos asociarnos en un buen proyecto que tengo entre manos.

Había apartado el sostén y ahora le aferraba los pechos como si sopesara su cálida generosidad lunar.

Ella se mordió los labios y cerró los ojos asqueada, pero no se movió.

-¿Qué proyecto? -preguntó con una voz serena.
-Bueno… siempre tengo muchos proyectos en marcha, cariño -dijo el tipo moviéndose lentamente hasta detenerse junto a la chica.

La hizo girar, con los pechos desnudos y la blusa arrollada sobre ellos y Yésika quedó delante de la verga dura que temblaba sin enmascaramientos delante de su rostro.

-Si entiendes lo que quiero decir, supongo que tendrás una larga senda de triunfos delante de ti.

El hombre cogió la verga y la frotó contra las mejillas y los labios de la muchacha que se apartó ligeramente moviendo un poco la silla.

-No tienes que asustarte, pequeña, es un juego en el que los dos ganamos, aunque seguramente tú seas la más favorecida… ¿entiendes?

Se arrodillo delante de ella, le levantó la falda, apartó los muslos y una mano rozó el sexo por encima de la braga de seda. De un golpe la arrancó y sumergió el rostro entre las piernas para lamer el sexo rasurado y tibio.
Ella cerró las piernas ahogándolo. El tipo luchó por soltarse y solo lo consiguió cuando ella aflojó la presión.

-¿Te gusta jugar, verdad? -dijo él, excitado.
-¿Qué me sucederá si me voy ahora mismo? -preguntó ella como una tierna doncella de la gleba ante el monstruoso poder del señor feudal.
-No creo que te convenga, cielo -replicó él acariciándole los pechos y mirándola ligeramente a los ojos.

Le cogió una mano y la llevó hasta su verga para que la rodeara con dedos trémulos.

-¿Quieres decir que si no juego contigo tengo que regresar a mi pueblo y olvidarme de mi carrera de actriz?
-Chica, no exageres, solo se trata de disfrutar de lo que tenemos a mano y sacarle el mayor partido posible a las oportunidades… ¿no crees?

El productor se puso de pie y dejó caer la bata. Se irguió completamente desnudo, la verga tiesa, aspirando para intentar que el vientre perdiera algo de volumen, aunque sin el menor éxito.

Ella tenía la mano alrededor del falo, tal como èl se la había colocado.

-¿Es mi única oportunidad? -preguntó la chica.
-Tú decides -aseguró el productor, muy excitado, esperando que la mano lo masturbara y luego que aquella boca perfecta, de labios gruesos y dientes blancos, muy blancos, accedieran a chuparle la verga como tantas y tantas muñecas que habían caído bajo su custodia profesional.

Así le gustaba decirse a sí mismo “son mis muñecas y se hallan bajo mi custodia profesional”.

Recordó el modo en que chicas que luego se hicieron famosas habían caído de rodillas para meterse la verga en la boca y acariciarle las pelotas mientras él las ahogaba moviendo las caderas hasta asfixiarlas e indicarles cómo quería que le lamieran el glande, lo succionaran, le chuparan los huevos mientras lo masturbaban antes de que él, llevando siempre la voz cantante, las reclinara sobre el escritorio para clavarlas por la vagina o el ano…

Dejó aquella ensoñación cuando la mano de la chica le apretó con demasiada fuerza la verga en lo que fue su primer movimiento espontáneo.

-Espero que sea suficiente -dijo entonces Yésika girándose hacia el objeto que había dejado sobre el escritorio.

Acto seguido le dio un buen golpe en los huevos y el tipo cayó de rodillas mirándola con una furia homicida.

Ella se apartó, se arregló la ropa, recogió el artilugio, lo introdujo en su bolso y lo miró con severidad.

-Te tengo grabado en una cámara que lo registra todo en 360º. Naturalmente, mis amigos y yo cortaremos la parte en que te di el golpe en las bolas. Lo demás creo que no lo editaremos, lo dejaremos tal cual. ¿Entiendes ahora cuál es el juego? O, mejor dicho, ¿entiendes ahora que se te ha acabado el juego?

Salió de la habitación del gran productor sin mirar atrás.


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