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Cómo proteger a sus hijos

Relato erótico: Fragancia

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05/07/2018
-El viaje me abrió la cabeza -dijo Nola.
- ¿Tuviste un accidente? -bromeó Gina, siempre dispuesta a poner su cuota de ironía, o de sarcasmo, o de malicia, según el momento.
-No fue un hachazo en el cráneo, tontita, aunque funcionó de un modo muy fuerte, como si simbólicamente hubiera sucedido así. Solo que el resultado no fue mi deceso ni mi decapitación, sino un tránsito.
- ¿Un tránsito? -repitió Gina, sardónica-. ¿Quieres decir que tuviste una epifanía?

Nola sirvió dos copas más y le entregó una a su amiga. Estaban en un bar del barrio en el que las dos vivían, festejando, de algún modo, el largo viaje de Nola por Oriente. Había estado varios meses recorriendo la India, Nepal e, incluso, se había quedado varias semanas en uno de esos monasterios que suelen aparecer en los films y en los que un aventurero tiene un accidente a veinte grados bajo cero y lo rescatan monjes perdidos que les hacen comprender el sentido de la vida.

-No, no una epifanía, hereje, solo un descubrimiento muy especial vinculado al sexo. Un tránsito desde lo que era a lo que soy ahora sexualmente. Soy como una droga para los hombres.
-¿Te has convertido en una experta tántrica?
-Tal vez, pero más que por mis artes amatorias, que son excelentes -y rió por su falta de modestia- porque mi piel tiene una particularidad que en combinación con cierto sahumerio… me convierte en una diosa irresistible.
-Me gustaría verte haciendo la prueba con Rafa -dijo Gina, muy segura de sí misma.
-No quisiera que tu pareja se rompiera -replicó con seriedad Nola.
-Hagamos la prueba. Si tú estás de acuerdo yo estoy dispuesta a arriesgarme. Se lo comentaré. Rafa es inmune a los ataques de las lobeznas que asisten a sus clases. Y conste que podría hacer estragos si se lo propusiera. Tú lo sabes…
-Exacto. Lo sé. Es uno de los tipos más atractivos e interesantes que he conocido. Pero es tu marido -le recordó Nola.
-Ven a cenar esta noche y veremos qué sucede. Trae ese humillo especial… ¡Me encantan estos desafíos que rompen la rutina!

Esa noche cenaron, bebieron unas copas, charlaron sobre el estado del mundo, los últimos estrenos de Netflix y la influencia de los alucinógenos en ciertos políticos nacionales.

-Rafa -dijo entonces Gina-, tú y yo no tenemos secretos, de modo que he aceptado un juego con Nola. Dice que ha traído una cierta… magia de su viaje por oriente que le permite seducir al hombre que le apetezca. ¿Te apetece hacer la prueba y jugar?
- ¿Por qué no? Es una mujer muy atractiva y siempre la he preferido entre tus amigas -bromeó Rafa.
-Hablo en serio -dijo Gina.
-De acuerdo -aceptó Rafa sonriendo, sin tomar demasiado en serio la propuesta.

Nola encendió el sahumerio y un aroma exquisito y extraño invadió el ambiente. Gina se sintió transportada a una especie de plano irreal y apacible. Se acomodó en el sofá y miró a Rafa y a su amiga.

Rafa no la miraba ni le prestaba la menor atención. Estaba atrapado en la visión de Nola que lentamente comenzó a desnudarse. Rafa la imitó mientras Gina asistía incrédula, pero excitada, a lo que sucedía ante sus ojos.

Nola apretó su cuerpo desnudo contra el de Rafa y Gina observó la erección de su marido como si la viera por primera vez con aquellas dimensiones. Un momento después estaba en la boca de su amiga que la mamaba con una fruición incontenible.

Rafa la empujó sobre la moqueta, se instaló entre sus piernas y le chupó el sexo, le levantó el culo para alcanzarle el ano con la lengua y la masturbó hasta que lentamente giraron hasta alcanzar el 69 y Gina se dijo que jamás había visto nada semejante. Sus manos fueron directas a su entrepierna y la paja se diseñó como si ella no tuviera la menor injerencia.

Nola se apartó, se echó de bruces, levantó el culo y la verga entró profundamente en su vagina para iniciar un trote largo y rítmico, en perra, que los hizo gemir con auténtica pasión.

Gina los observaba al borde de su propio orgasmo. Y se corrió observando como el falo de Rafa entraba en el ojete de Nola, ahora en misionero, con las piernas muy flexionadas, y se besaban en la boca con un deseo descomunal que creció y creció hasta que el orgasmo los atravesó como un arpón ardiente.

Al cabo de unos minutos Nola apagó el sahumerio, abrió las ventanas y el aire del salón se renovó por completo.

Gina acomodó sus ropas y Rafa se vistió como si no comprendiera muy bien lo que había sucedido.

Nola, siempre desnuda, sudorosa y con el semen chorreando por sus muslos, los miró encantada.

-¿Crees que funcionaría conmigo? -quiso saber Gina.
-No lo sé. Tendrás que ir al sitio en el que estuve y pasar por algunas ceremonias absurdas. Pero tal vez lo consigas.
- ¿Y qué ocurre conmigo? -quiso saber Rafa.
-Tampoco lo sé -replicó Nola-, solo puedo decirte que estamos en una época en la que las mujeres avanzamos por el sendero del mando, de la igualdad, aunque lo hagamos pulgada a pulgada. Hay una única forma de saberlo…
-Nos vamos de viaje, amor -dijo Gina.
-Cuanto antes mejor -convino Rafa.

Fue entonces cuando Nola, triunfal, desapareció en el cuarto de baño.


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